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Max Linder en Nueva York

 

Llega el gran mímico abordo del "Espagne," con tres días de retraso.—Su equipaje ha sido el tema de muchos comenta-

rios.—Sale el mismo día para Chicago con el Presidente de la ESSANAY.—No se habla de

otra cosa en los círculos cinematográficos.

 

Por GIL PEREZ

 

   EN la mañana del 7 de Noviembre llegó Max Linder a esta metrópoli acompañado de 46 baúles llenos de ropa. Esperaban al cómico en los muelles de la Trasatlántica Francesa Mr. George K. Spoor, gerente de la Empresa Essanay, y los representantes de la prensa. Mientras el "Espagne" atracaba preguntamos a Mr. Spoor qué tiempo permanecería en la ciudad la última adquisición de la Essanay. El fabricante contestó que se proponía encaminar toda la comitiva hacia Chicago aquella misma tarde.

   Max Linder embarcó en Cherburgo el 8 de Octubre con rumbo a Liverpool. Estuvo varios días en Londres conferenciando con el representante en Europa de la compañía y el 31 del mismo mes salió para Nueva York, pensando de seguro en las tretas de que se valdría para hacer reir al público yanqui y en los submarinos de Von Tirpitz.

   El arribo del "Espagne," con cerca de tres días de retraso, fué el acontecimiento sensacional del mes en Nueva York que siguió en importancia a la elección. Traía un enorme boquete y otras averías considerables. Aunque no hubo que lamentar encuentros con submarinos durante la travesía, en el Mar Cantábrico chocó el "Espagne" a media noche con un barco mercante desconocido y ambos estuvieron a punto de hundirse. Por unos treinta metros en medio del navio, en la banda de babor, se veían las marcas hechas con la proa del buque misterioso, que se perdió instantes después en la bruma sin lanzar señal alguna. Todos los pasajeros estuvieron sobre cubierta con los salvavidas puestos arriba de una hora, hasta que la oficialidad se cercioró de que no había peligro.

   Linder, en su trato, mantiene la seriedad proverbial del actor cómico fuera de las tablas. Quizás esto obedezca a la transformación que se ha registrado en el carácter francés a causa de la guerra. Hace dos años que el mímico favorito, en el cénit entonces de su carrera artística, ofreció al gobierno su persona y cuantos bienes tenía. Fué explorador en los cuerpos aéreo y de automóviles, suministrando siempre sus propias máquinas. Ingresó más tarde en la artillería, pero una herida de gravedad en el hombro izquierdo, que hizo necesario tres operaciones seguidas, puso pronto fin a sus hazañas bélicas. A los tres meses de hospital fué dado de alta y pasó a Italia, donde con sus discursos en pro de los aliados rindió inestimables servicios. Su labor en este sentido le valió la entusiasta aprobación del Ministro Salandra. Estuvo luego en Suiza recobrando la salud y allí produjo varias cintas muy chistosas.

   Mientras se hallaba en Contrexville, aun convaleciente, la Essanay le propuso un contrato muy satisfactorio para inducirlo a venir a los Estados Unidos. Aunque en un principio Linder se negó a dejar las filas del ejército, luego pudo convencerse de que Francia estaba más necesitada de sus recursos financieros que de su persona—y aquí conviene indicar que una gran parte del salario del actor está comprometida con la causa.

   "Quiero que mis amigos de Norte-América sepan, sin embargo," declaró en Liverpool antes de partir, "que no tengo animosidad hacia nación alguna. Siento en el alma, como todo el mundo en Europa, que se haya declarado esta guerra estupenda. Pero soy francés y amo a mi patria. Aunque Alemania es nuestro enemigo, respeto al alemán que lucha por su país."

   La Essanay ya ha entablado negociaciones sobre la exclusiva de las películas en Francia, Gran Bretaña, Alemania y Rusia. S. Hertzberg, representante de una sociedad cinematográfica de Shanghai, se encuentra actualmente en Chicago tratando de obtener los derechos para China y el Japón.

   La Europa artística sufre un golpe recio con la pérdida del gran soberano de la mímica y en los artículos dedicados a este tema, que publican los diarios y revistas de ultramar, se nota cierta amargura en los comentarios.

   Max Linder ha firmado contrato por un año, aunque retiene el derecho a renovarlo por el mismo tiempo a su terminación. Cada semana el ex-soldado percibirá una suma mayor que el General Joffre durante todo el año.

   Su llegada ha surtido efecto sensacional en los círculos artísticos y sobre todo entre los actores que se dedican al mismo género. Es indudable que los empresarios se arrebatarán la primera cinta en que aparezca, y el público decidirá después la categoría de Linder en este país. Y conviene tener muy presente que la Essanay es una de las pocas compañías que jamás ha cometido errores al contratar artistas. En sus elencos han figurado, con excepción de Mary Pickford, las "estrellas" más productivas del nuevo arte: Anderson (Broncho Billy), Walthal y Chaplin. Al preguntar a un crítico de nuestra edición inglesa, autoridad reconocida en materia cinematográfica, si Linder alcanzarla éxito, nos disparó la siguiente respuesta:

   "No veo cómo podrá evitarlo." Cuando entre en prensa este número de CINE-MUNDIAL, el maestro francés del gesto ya habrá empezado a trabajar en los magníficos talleres que posee la Essanay en la nebulosa Chicago. (Cine-Mundial, Dec. 1916)