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 MAX LINDER 

 

   Este graciosísimo actor de la escena moda, que hoy está en América ganando el dinero que quiere, como nuestros lectores recordarán, nos visitó en 1912.

   Max Linder es un gran admirador de España y de nuestras costumbres.

   Max, desde muy joven, sentía gran afición por el teatro. Todo su empeño era llegar a ser actor.

   Estudió con gran entusiasmo y aprovechamiento, pues consiguió el primer premio del Conservatorio.

   Max Linder era, además, un gran tirador de espada y sable.

   Max, aconsejado por su profesor, desistió de debutar en la Comedia y se contrató como segundo actor cómico en el Ambigú, donde trabajó durante dos años. Pasó después al teatro Réjane, donde no llegó a debutar por haberle ofrecido sueldo mejor en Varietés.

   Después trabajó en distintos teatros.

   Impresionó algunas películas, que obtuvieron éxito, en vista de lo cual un buen dia Pathé le preguntó:

   — ¿Cuánto gana usted en el teatro?

   Max respondió:

   — Mil francos por mes.

   — Yo le doy cinco mil.

   — Trato hecho — exclamó Max loco de contento.

   Al poco tiempo Max Linder ganaba 50.000 francos por impresionar una sola película. A consecuencia de un número que Max hacia, que consistía en un asalto de boxeo con patines, sufrió una caída, y a consecuencia de ella le hicieron operaciones tremendas que pusieron en grave peligro su vida.

   Después de su enfermedad, Pathé llegó a pagar a Max 250.000 francos al año.

   Cuando estuvo en España, enamorado de nuestra fiesta nacional, aprendió a torear, y hasta toreó en una becerrada en Barcelona, imitando el toreo de Rafael el Gallo.

   Un becerro le dió varios coscorrónes; peco no era miedoso, y quedó superiormente.

   El operador de Max impresionó una película de esa becerrada.

   Durante la guerra se dijo que había muerto. Afortunadamente, la noticia no tuvo confirmación. Hoy está en Nueva York haciendo unas películas que han de hacer las delicias de sus pequeños admiradores. (Correspondencia de España, 3.2.1920)