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Barcelona - 20. – 29. Sept. 1912 - "Teatre Novetats" <<< 

Madrid - 7. – 9. Okt. 1912 - "Gran Teatro" 

>>> Lissabon - 19. – 22. Okt. 1912 - "Theatro da Republica" 







 

   Gran Teatro. — Max Linder, el popular actor y extraordinario mímico, conocido en el mundo entero como inimitable impresionador de películas, ha sido contratado por la Empresa del Gran Teatro por seis únicas funciones, á partir del 4 de octubre, en que hará su presentación en el referido coliseo. Acompaña en su trabajo á Max Linder ta célebre bailarína rusa Mausell Napiertrowoska, que ha obtenido recientemente extraordinarios éxitos en París, interpretando originales danzas creadas por ella.

   Según telefonema recibido anoche de Barcelona, Max Linder toreó el sábado en la Plaza de Toros, emulando á los más celebrados diestros españoles y matando con todas las reglas del arte un hermoso becerro. El entusiasmado público se replegó en las calles de la Ciudad Condal, donde Max Linder fué aclamado.

   De la referida corrida es impresionaron peliculas, que oportunamente se exhibirán en el Gran Teatro.

Excelsior, 5.10.1912

                                                  [Source: Excelsior, Oct. 5, 1912]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS TEATROS

DEBUTS

MAX LINDER Y LA NAPIERKOWSKA

   Gran Teatro. - No necesito describiros á Max Linder, porque le habéis visto en cientos de películas cinematográficas. También huelga hablaros de su vida, que mi compañero Bonnat ha referido hace pocos días en este mismo periódico donosa y pintorescamente.

   Tanto Max Linder en el Gran Teatro, como antes Andrés [sic.] Deed (Toribio) en Price, han obtenido excelente éxito. Las comparaciones, si no odiosas, son enojosas cuando menos. No es, pues, ocasión de ocuparnos en el trabajo de Andrés Deed, sino en el de Max Linder, y debe decirse que uno y otro merecen ser conocidos, siquiera á titulo de curiosidad.

   El actor Sr. Vera, que siempre tuvo una dulce tendencia al apayasamiento, no ha querido desperdiciar esta ocasión de alternar con Max Linder en saltos, contorsiones y vertiginosidades. El ha sido el encargado de presentarnos al famoso ex comediante y actual peliculero francés. Ha hecho él señor Vera la presentación lo más funambulescamente imaginable, dejándonos á todos bien persuadidos de que él propio, el «popular Verita», estaria mucho más de acuerdo con sus aptitudes é inclinaciones impresionando películas que representando zarzuelas.

   Max Linder se limitó anoche á complementar las vistas cinematográficas de su viaje aventurero de París á Madrid, presentándose en carne y hueso á la terminación de la cintá, corriendo por entre las butacas, saltando al escenario y haciendo allí mil diabluras.

   Después, en Madrid como en Barcelona, Max Linder ha puesto letra á la película Pedicuro por amor. La letra es, en verdad, inferior á la acción, ni más ni menos que el comediante Max Linder dista un poco del Max Linder peliculero. Ya podéis figuraros el asunto del juguete cómico. El amante de una dama, sorprendido por el esposo, fíngese pedicuro. El marido quiere que también á él le arregle los pies. Tal es la candorosa gracia de esta fábula, que el público halló muy de su gusto y aplaudió de buen grado. Las indiscretas ovaciones de la claque pusieron un momento en peligro el éxito de Max Linder. Conviene que esa claque del Gran Teatro aprenda á no entusiasmarse tan delirantemente cuando no hay motivo.

   La interpretación de la farsa Pedicuro por amor fué bastante discreta, y terminó la piececilla animadísimamente con la danza del oso, que la Napierkowska y Max Linder bailaron á las mil maravillas.

   También la Srta. Napierkowska, de cuerpo grácil, rostro lindo y expresión atrayente, tejió con belleza las danzas griegas de su repertorio. No llega esta bailarina al mérito de otras inolvidables ejecutantes de danzas helénicas, á quienes en Madrid aplaudimos. Sin embargo, las hermosas figuras de sus bailes y la airosa flexibilidad que en ellos muestra merecen y consiguieron anoche una buena acogíada.

 

Heraldo de Madrid, 8.10.1912

[Heraldo de Madrid, 8.10.1912]

 

   Con el trabajo de Max Linder y de la Napierkowska bastaria apenas para un número de music-hall; pero la Empresa del Gran Teatro ha sabido hilvanar, en torno de esta interesante pareja extranjera, un programa elegante y muy divertido.

   Completaron, pues, la función de ayer la Srta. Aguilar, que cantó la romanza de El barbero de Sevilla (la zarzuela de Giménez, no la ópera de Rossini); el Sr. García Romero, que se lanzó á recordarnos canciones que oímos á Titta Rufo y á Viñas; la Srta. María de la Paz, que nos deleitó con La Riojanica, de Caballero, haciéndonos evocar á Lucrecia Arana; Carmen Fernández, guapísima y cantando muy bien en géneros diversos; y, finalmente, los Chimenti, que gustan cada noche más. Con esto, y la representación de una zarzuela, pasó la velada en grata alegría.

   El programa resulta, en fin, tan variado como encantador, y á ello han contribuido los empresarios del Gran Teatro (ó quien haya confeccionado el cartel) en la misma ó en mayor medida que la propia linda bailarina Napierkowska y el propio ingenioso Max Linder, cómico y funámbulo. CARAMANCHEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Epoca, 8.10.1912:

English

 

 

 

GRAN TEATRO

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Debut de Max-Linder

 

 

   El elegante peliculista de la casa Pathé Frères, de París, cuyas graciosas aventuras nos vienen haciendo reír en el cinematógrafo desde hace dos años, y cuyos chaquetas y chalecos do fantasía suelen ser el ideal de nuestros gomosos, obtuvo anoche un éxito al presentarse en carne mortal en la escena del Gran Teatro.

   El público acudió al espectáculo como las moscas á la miel, y en la platea, palcos y alturas no quedó una localidad vacia.

   La presentación de Max Linder, hecha por Vera, fué muy graciosa.

   El peliculista (representado por el cine) se encuentra en París, cuando por teléfono, desde el escenario del Gran Teatro, Vera reclama su presencia en Madrid.

   Ante nuestros ojos pasa la cinta cinematográfica, y vemos á Max Linder, en su casa de París, vestirse apresurado de frac para tomar el tren, romper el juego de lavabo, ser arrastrado por un automóvil y por un ómnibus Magdalena-Bastilla, pegarse con un cochero de punto y tomar el tren, ya en marcha, en la gare del Quai d'Orsay.

   Su llegada á Madrid es digna del viaje. Al frac le falta un faldón, la camisa está arrugada, el sombrero apabullado; pero Max Linder sale sin reparar en ello de la estación del Norte, y jadeante, cae en los brazos de Vera, que al verle sin fuerzas, saca de riqueza las suyas, y lo zampa en un carrillo de mano de los destinados á recoger basuras, y por esas calles se viene hasta el teatro de la calle del Marqués de la Ensenada.

   Y aquí vemos entrar en dicho carrillo, ya en carne y hueso, por el pasillo central da las butacas, á Max Linder, arrastrado por Vera, que se reveló anoche como otro peliculista notable.

   El público aplaudió calurosamente la presentación sensacional de Max Linder, y para él y para Mlle. Napierkowska, la bailarina rusa que le acompaña, repitió los aplausos en el vaudeville Pedicure par amour, haciéndoles repetir la graciosa danza del oso; uno de los mayores éxitos coreográficos da la última temporada teatral de Paris.

   La película «Max Linder, boxeador»; las canciones de los duettistas italianos Los Chimenti, y las canciones cantadas por las señoritas Aguilar, María de la Pez, señorita Farnández de Lara y señor García Romere, completaron el programa, con la splendida zarzuela Molinos de viente, que recorre triunfalmente los teatros de Europa. UN ABONADO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABC, 8.10.1912:

DE ESPECTACULOS

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NOTAS TEATRALES

GRAN TEATRO, MAX LINDER

 

 

    El público de Madrid ha satisfecho por completo su curiosidad. En pocos dias ha conocido á los dos grandes artistas cinematográficos que comparten en Paris y en todo el mundo la hegemonía de la pelicula: al popular Toribio y al elegantísimo Max Linder, que viene á ser una especie de galán cómico amoureux cinematográfico.

   Max Linder tenía infundados temores de que se le juzgase equivocadamente suponiéndole un Le Bargy; pero ya se gabrá convencido, por el brillante recibimiento que anoch se le dispensó – Madrid procede siempre extremando su cortesia – de que su trabajo satisfizo con exceso al público, que pasó un divertidisimo rato, y colmó largamente á Max Linder y á sus acompañantes de entusiastas y clamorosos aplausos, desde la originalísima presentación, hecha por Hilario Vera, que estuvo verdaderamente inimitable y resultó un excelente artista de cinematógrafo, hasta que terminó el vodevil en un acto Pedicuro por amor, en el que han intercalado Max Linder y la notabilisima Mlle. Napierkowska, la famosa bailarina rusa que le acompaña, una danza muy original, la danza del oso, con caprichosas y bonitas figuras. La danza hubo de repetirse entre aplausos unánimes. Max Linder entró por la puerta grande en el favor del público.

   En la segunda parte, Mlle. Napierkowska, evocando la musa griega, bailó clásicas danzas helénicas, que plasmó en elegantes y artisticas reproducciones, destacando su armónica y gentilisima figura. La exquisita danzatriz se presentó repetidas veces en escena.

   Los artistas del Gran Teatro señorita Fernández de Loara, Asunción Aguilar, Maria de la Paz y Garcia Romero cantaron romanzas, melodías y canciones, dando mayor aliciente al espectáculo, que terminó con los admirables duetistas Los Chimenti, que en su género no hay quien los mejore.

   El teatro, imponente de público, como en sus días grandes. Asi sea con Max Linder … y después de Max Linder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Globo, 9.10.1912:

Max Linder, lesionado

 

 

   El celebrado actor Max Linder, que con tanto éxito actúa en el Gran Teatro, fué anoche víctima de un accidente.

   A última hora interpretaba una pantomima graciosísima.

   De un palco proscenio, que ocupaban varios dístinguidos jóvenes, llamaron á Max Linder. Rápido, encaminóse á la localidad, y en vez de descender al patio de butacas, dio un salto desde la batería al palco.

   No debió el artista de medir bien el espacio. Max Linder fué á caer de rodillas sobre el borde del palco, y de rebote cayó luego á la sala.

   Creyó el público que lo ocurrido había sido una humorada deil artista, y, como siempre, se acogió la caída con señales de regocijo.

   Pero en seguida viósele cojear, y, además, se observó que el pantalón había sufrido ligero destrozo, por el que se veía alguna mancha de sangre.

   Entonces comprendió el público que no se trataba de un efecto escénico.

   Muchos espectadores acudieron á interesarse por el artista, y entre ellos, el doctor Ruiz Albéniz, que le acompañó á su cuarto y en él le practicó un detenido reconocimiento.

   Max Linder había sufrido una ligera luxación, con erosión, en la rótula derecha, de carácter leve. También se hallaba ligeramente conmocionado.

   Después de curado, Max Linder se trasladó en automóvil á su residencia.

   Desde el proscenio se dio conocimiento al público de la poca importancia de la lesión.

   Max Linder, si no le sobreviene alguna complicación inesperada, podrá continuar hoy su labor artística.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Epoca, 9.10.1912:

ACCIDENTE EN EL GRAN TEATRO

Max Linder, lesionado

 

 

   En la representación verificada anoche en el Gran Teatro ocurrió un accidente que emocionó al público.

   Max Linder es un acróbata consumado, y quizá por el dominio que de sus facultades tiene, se arriesga á veces en ejercicios peligrosos, como el que anoche dio lugar al accidente.

   Consistía uno de los números déla película en dar un salto enorme, desde el escenario hasta uno de los palcos del proscenio.

   Sea porque calculase mal la distancia, ó porque resbaloso al ir á ejecutarlo, en el momento mismo en que se liba á encaramar en el palco proscenio, situado á la izquierda del espectador, perdió pie y fué á caer sobre el patio de butacas.

   El público no advirtió en los primeros momentos la gravedad del caso, creyendo que se trataba de una inesperada innovación, que arrancó grandes carcajadas por la verdad con que fué ejecutada.

   Pero como el tiempo pasaba, y Max Linder seguía inmóvil, les espectadores que se hallaban más próximos se dirigieron hacia él, y vieron que yacía privado de sentido, y que de la, frente le manaba un hilo de sangre.

   Entre algunos espectadores y los artistas transportaron al herido á un cuarto del escenario, on donde fué reconocido por el doctor Ruiz Albéniz, que se encontraba en el teatro.

   Se requirió el auxilio de la Policlínica de Socorro inmediata al teatro, y con algodón hidrófilo, empapado en agua sublimada, le fueron aplicadas al herido unas compresas en la frente.

   Max Linder presentaba una fuerte conmoción cerebral; pero merced al influjo del agua fría y de los auxilios que desde el primer momento se le prestaron, recobró el conocimiento.

   Le fueron apreciadas también una herida en la sien derecha y algunas erosiones en la pierna del mismo lado.

   El herido fué llevado en un automóvil al Hotel Rítz, donde se hospeda.

   Poco tiempo después de haber ocurrido el accidente, un dependiente de la empresa salió al escenario para tranquilizar al público respecto de lo acaecido, y para anunciar que el estado del artista no era todo lo grave que se habla llegado á creer en un principio.

   A causa de las lesiones sufridas, Max Linder no podrá trabajar en la función de de esta noche. Pero se cree que podrá hacerlo mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABC, 9.10.1912:

DESGRACIA EN EL GRAN TEATRO

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MAX LINDER HERIDO

 

 

    Max Linder, el célebre y originalísimo mimo, que al presentarse por primera vez ante el público madrileño en la noche del lunes logró cautivarle y hacerse dueño de él, fué anoche víctima de un gravisimo accidente en el Gran Teatro durante la representación de la película Pedicuro por amor, en que tantos aplausos había cosechado la noche anterior.

   Es Max Linder un acróbata consumado, y quiza por el dominio que de sus facultades como tal posee, se arriesga á veces en ejercicios un tanto peligrosos y que, como en lo acaecido anoche, pueden llevarle á un funesto y lamentable contratiempo.

   Consistía uno de los números de que consta la pelicula en dar un salto enorme desde el escenario hasta uno de los palcos del proscenio, y el lunes había podido realizar esto felizmente; pero anoche, ó porque calculase mal las distancias ó porque resbalase al ir á ejecutarlo, en el palco proscenio, situado á la izquierda del espectador, perdió pie y fué á caer pesadamente sobre el patio de butacas.

   El público no advirtió en los primeros momentos la gravedad del caso.

   Creyó, por el contrario, que se trataba de una innovación, de un nuevo truco que le habia sugerido al artista su inagotable ingenio, tal vez con el propósito de poner á prueba el de sus compañeros que con él representaban la pelicula, para desorientarlos.

   Sin embargo, en vista de que los minutos transcurrian y el mimo no variaba de actitud y que non se movia, los espectadores que se hallaban más próximos se dirigieron hacia él y vieron con estupefacción que yacia privado de sentido, y que de la frente le manaba un hilo de sangre, que iba á formar en el suelo un pequeño charco.

   En el público se produjo un movimiento general de alarma.

   Entre algunos espectadores y los demás artistas que, al darse cuenta de lo que ocurría, acudieron en socorro de su compañero, transportaron á éste á un cuarto del escenario, en donde acto seguido fué reconocido por un médico que se hallaba entre el público.

   Sin pérdida de momento se requirió el auxilio de la Policlinica de Socorro inmediata al teatro, y con algodón hidrófilo ampapado en agua sublimada le fueron aplicadas al herido unas compresas en la frente.

   Max Linder presentaba una fuerte conmoción cerebral; pero merced al influjo del agua fria y de los auxilios que desde el primer momento se le prestaron, poco á poco recobró el conocimiento.

   Le fueron apreciadas también una herida de alguna profundidad en la sien derecha y algunas erosiones en la pierna del mismo lado.

   Con el esmero que su delicado estado requería, el herido fué llevado en un automóvil de alquiler al hotel donde se aloja.

   Al ser sacado fuera del teatro, ios agentes de Seguridad se vieron abligados á contener al numeroso público que á todo trance se queria abalanzar sobre los que conducian al herido para contemplar á éste.

   Del mismo modo, cuando le fué practicada antes la cura provisional en el cuarto del escenario, hubo necesidad de cerrar las puertas por ser muchos los espectadores que acudian á inquirir noticias del estado de Max Linder.

   Poco tiempo después de haber ocurrido el accidente, un dependiente de la empresa salió al escenario para tranquilizar al público respecto de lo acaecido y para anunciar que el estado del artista no era todo lo grave que se habia llegado á creer en un principio.

   Anunció asimismo que, debido al lamentable accidente, quedaba suspendida la representación de la pelicula Pedicuro por amor; pero que los demás números del programa continuarian, como asi occurió en efecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Liberal, 9.10.1912:

English

 

 

EN EL GRAN TEATRO

Max Linder cae desde un pal-

co y se causa lesiones im-

portantes

ENORME SENSACION

 

     Como el trabajo del notable peliculista francés Max Linder había sido del agrado del público, y la Prensa en general elogió ayer al rey de la película y á la insigne bailarina Mlle. Napierkowka, anoche, segunda representación, la entrada en el Gran Teatro, si no lleno completo, era buenisima. De las que quisieran coger muchas cualquier empresario.

   Por indisposición repentina de la señorita Fernández de Lara, se suspendió «El dúo de La Africana» y se cantó «Molinos do vianto»;. Esto era el primer número del programa.

   Concluida la preciosa opereta de Pascual Frutos y maestro Luna, hizo su presentación el famoso Max Linder, en la misma forma que la noche anterior. El público celebró con ruidosisimas carcajadas la aparición del popular caricato, compartiendo con el los aplausos el gracioso Verita, que está inimitable en au cómico papel.

   Inmediatamente después se representó el «vaudeville» «El pedícuro por amor», que no es más que un pretexto para que que Mlle Napierkowska y Max Linder bailen la danza del oso, que es un encanto de finura y distinción.

   Concluya la danza y finaliza el «vaudeville» con la sorpresa del marido engañado, que, revólver en mano, persigue á Max Linder, disparando contra él.

   Max Linder huye despavorido, y dando un tremendo salto se mete en un palco proscenio, burlando así á su perseguidor.

   Anoche, cuando Max Linder, corriendo desaforado, con el frac hecho trizas y la chistera convertida en un acordeón, se abalanzó al proscenio de su izquierda para salvar la barandilla, se le escurrió la mano, y perdiendo el punto de apoyo, cayó con estrépito sobre las butacas, de orquesta, donde el declive del pavimente es mas pronunciado.

   La gente soltó una carcajada al ver caer á Max Linder. Aquello estaba superiormente figurado. Parecía la misma realidad.

   Nadie se movió de sus asientos y todos los ojos se clavaron en el lugar donde había caído el notable peliculista, creyendo que volvería á aparecer, más deteriorada la indumentaria y en mayor desorden el cabello.

   Pero Max Linder no aparecía.

   Las personas que se hallaban próximas vieron que el artista había perdido el conocimiento. Pero creyeron que esto era también figurado.

   Sólo cuando el artista que acompañaba á Max Linder en su trabajo comenzó à pedir auxilio, reclamando á los actores que se encontraban en la primera caja, para recoger el inanimado cuerpo del artista, comprendió el público que se trataba de un grave accidente. Muchísimas personas acudieron y levantaron á Max Linder que, al ser incorporado, lanzo un grito de dolor. Por el escenario, y cogido de los hombros y los pies, fué conducido á su camerino.

   En el teatro no había ningún médico, y el artista, tendido en un sofá, no daba señales de vida.

   Afortunadamente, entre los espectadores se hallaba nuestro compañero el doctor Ruiz Albéniz, que fué requerido por el representante de la empresa para que pasara á reconocer á Max Linder, en el momento que Ruiz Albéniz acudía á ofrecer sus servicios, porque le habían asegurado que el médico del teatro no estaba en aquellos instantes en el local.

   No es para descripta la sensación que produjo en el público el desgraciado accidente. Multitud de personas se agolparon en la puerta del escenario, deseando inquirir alguna noticia, pues las impresiones de los primeros momentos eran poco tranquilizadoras.

   Guardias do Seguridad impedían la entrada en el escenario.

   Dentro, la confusión era terrible.

   Todos los artistas, los empresarios, los amigos, iban y venían como locos, pidiendo á voces la presencia de un médico Cuando entró en el cuarto de Max Linder el doctor Ruiz Albéniz, se tranquilizaron los ánimos un poco.

   La primera noticia que circuló por la sala era que Max Linder se había roto una pierna por debajo de la rodilla. Y se afirmaba que el médico había pedido con urgencia á la Casa de socorro más próxima un aposito de fractura.

   Ruiz Albéniz reconoció escrupulosamente al herido, y, por fortuna, no halló fractura en ninguna parte. El fué el más agradablemente sorprendido en este reconocimiento, porque había presenciado la tremenda caída y temió encontrar lesiones más graves.

   Según informe del doctor, Max Linder sufría un «schok» traumático y extensa contusión de segundo grado en la región tibial antero-superior de la pierna derecha. El dolor debió de ser agudísimo, y por la fuerza de él perdió el artista el conocimiento.

   Convenientemente curado y conducido en una silla hasta el coche, fué conducido Max Linder al Hotel Ritz, donde se hospeda.

   Es posible que las lesiones que sufre el notable peliculista francés le impidan trabajar esta noche; pero si no se presenta alguna complicación, derivada del «schok» traumático sufrido, seguramente podrá trabajar mañana.

   Cuando se supo con certeza que el accidente ocurrido á Max Linder no había tenido las consecuencias graves que en un principio se temieron, se tranquilizaron los ánimos y continuo en calma la función.

   Algunas seoras abandonaron el teatro, tristemente impresionadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Liberal, 11.10.1912:

English

 

 

Max Linder, Enfermo

 

   Anoche no pudo actuar en el Gran Teatro el famoso peliculista.

   Max Linder se encuentra enfermo de algún cuidado. De resultas del accidente que sufrió el martes último, los efectos de la conmoción general le tienen en un estado de cierta gravedad.

   A pesar de no hallarse con fuerzas para ello, y sólo atendiendo al cumplimiento de sus compromisos, el miércoles interpretó «Pedicure par amour», aunque suprimiendo la danza del oso*) y la agitada escena final. Ayer, desde por la mañana, se sintió bastante peor.

   El doctor Ruiz Albéniz, que le asiste, le apreció un estado conmocional, gran depreisión nerviosa y fiebre, que llegó á los 38'5 grados, por todo lo cual impidio á Max Linder abandonar la cama, sometiéndole á dieta rigurosa y procurando atajar la fiebre. Cree el doctor Albéniz que Max Linder no podrá trabajar en ocho ó diez días, pues su estado, sin ser de gravedad, hace necesario un período de absoluto reposo prudencialmente largo, para devolver el equilibrio y las fuerzas al célebre «mimo».

   En el Gran Teatro se expuso al publico el certificado médico referente á Max Linder, causando la natural decepción entre las personas qua habían adquirido billetes para asistir al espectáculo.

 

 

*) En contraste con esta afirmación, un día antes, el diario "La Mañana" había escrito, que “bailó la danza del oso, y realizó su presentación del mismo modo graciosísimo que la noche de su "debut"”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comœdia, 17.10.1912:

 

 

L'ACCIDENT DE MAX LINDER.

 

   Max Linder vient d'être victime à Madrid, d'un accident qui, fort heureusement n'exigera que quelques jours de repos.

   M. Jacques Charles, qui assistait à la représentation au cours de laquelle le sympathique artiste fut blessé, nous a conté, hier, les circonstances dans lesquelles cet accident s'est produit:

   — Dans le sketch d'Armand Massard, qu'il interprétait avec Napierkowska, Linder devait, à un moment donné, pour échapper à la fureur vengeresse d'un mari trompé, franchir la rampe, s'accrocher au rebord du balcon, et, par un rétablissement, escalader l'avant-scène, située au jardin. Le soir où l'accident se produisit, l'avant-scène en question étant occupée par une personnalité que l'on ne voulait pas déranger, la direction prévint Linder qu'il devrait s'enfuir par l'avant-scène située à la cour. Ainsi voulut-il faire. Seulement, on oublia de le prévenir que le balcon, côté cour, était de soixante centimètres plus élevé que côté jardin. Max, qui avait pris son élan comme à l'ordinaire, «rata» le rebord du balcon et tomba dans l'orchestre. Lorsque nous le relevâmes, il était sans connaissance. La tête avait reçu une violente commotion, et c'est par le plus miraculeux hasard que sa jambe, prise dans les fauteuils, n'avait pas été brisée. La chair, cependant, avait été arrachée, et l'os était à nu. Son état, fort heureusement, s'est, dès le lendemain, très amélioré, et Max sera bientôt hors d'affaire. Mais nous eûmes un instant de très angoissante émotion.