ACOTACIONES: PROPÓSITO DE MAX-LINDER Y TORIBIO*

EL ENCANTO ROTO

  

 

   Como satisfacción momentánea de una curiosidad, habrá sido un acierto la exhibición real y efectiva de Max-Linder y de Toribio. Pero, ¿no será en detrimente de su prestigio para lo sucesivo? El cinematógrafo es el teatro ideal, el teatro de ensueno: quizás porque nada sabémos de sus actores ni de sus autores. ¡Cuántas veces en el teatro nos impide toda ilusión el sobrado conocimiento! ¿A quién convencerá tal damita ingénua declamándon os de su virtud perseguida? ¿Cómo ha de persuadirnos la otra primera actriz de sus gracias juveniles, si su fé de bautismo está regístrada con mayor fidelidad que en la parroquia, en carteles de teatro y ejemplares de comedias?

 

ML caricature in Nuevo Mundo, 17.10.1912

Max-Linder, famoso impresionador de peliculas cinematográficas, que actua con gran exito en el Gran Teatro

 

   Cierto que también puede darse el caso contrario. Como decía un insigne escritor amigo mió, al ponderar la excelente interpretación' que daban dos actrices muy estimables á sendos papeles de cocottes: «Están muy bien, muy bien, y luego, ¡su vida privada convence tanto!» Mas, lo corriente es que la vida privada vaya de una parte y la ficción teatral por otra. ¡Si pudiera uno contar con artistas cuya existencia real fuera un misterio! ¡Si uno mismo pudiera ser siempre el oculto, el ignorado! Y ¡si la obra toda pudiera presentarse con esa real idealidad de la pelicula cinematográfica! Una verdad que no es la verdad. ¿No es eso todo el Arte?

   Pascal decia de la pintura que era un extraño arte, pues nos hacia admirar muchas cosas que ninguna admiración nos causarían en la realidad. Lo mismo puede decirse del teatro.

   Obsérvese el regocijo que produce la presentación escénica de un caballo, de un perro, de un automóvil, ¿Por qué? ¿Es el animal, es el coche lo que causa nuestra admiración? Por las calles los vemos á todas horas con indiferencia. Lo que causa nuestra admiración es que, aun sin darnos cuenta, pensamos en la dificultad de presentarlos en escena. La dificultad vencida, ese es todo el secreto de nuestra admiración.

   Si no fuera difícil este arte de representaciones que es el teatro, todo el mundo compondría comedias con verdaderos actores y verdaderos escenarios de la vida. El banco de un paseo, el asiento de un tranvía, la banqueta de un café, serian localidades de un teatro, en donde á cualquier hora se representan comedias interesantes y divertidas.

   Solo que, por fortuna para los artistas, las gentes tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. Han delegado estas supremas facultades en los artistas.

   Un dia llegará en que todos verán por si mismos y los explicadores del tilirimundi serán innecesarios. Entonces, cada uno compondrá sus comedias y sus novelas y sus cuadros y sus esculturas y entre los ojos y las almas no habrá intermediarios; vendedores de sol, como el de una admirable escena de Rachilde, en que, un charlatán, sobre el Puente Nuevo, ofrece á los transeuntes de París, mostrarles el espectáculo del sol poniente sobre la gran ciudad; y, en efecto, á todos les parece cosa nueva y nunca vista, como si las palabras del charlatán fueran el sol mismo.

   Y, ¿qué otra cosa es el Arte sino la palabra de luz? Max-Linder y Toribio no se han contentado con ser la palabra, han querido que veamos la propia luz. Hemos visto el resorte del juguete. La curiosidad está satisfecha, la ilusión menoscabada. Max-Linder y Toribio ya no serán los héroes fantásticos de mil aventuras extravagantes: serán... Max-Linder y Toribio. Ya sabemos que no son capaces de muchos imposibles, que la fotografía nos presentaba con engañadora verosimilitud. Ni caen de los tejados, ni trepan por las paredes, ni saltan entre leones, ni los automóviles pasan por su cuerpo. Un sencillo salto en la realidad causó á Max-Linder una caida que pudo ser de graves consecuencias. La realidad quiso vengarse de las mentiras fotográficas.

   Será muy halagador para Max-Linder y Toribio escuchar en persona los aplausos del público, será muy lucrativa su exhibición para ellos y para sus empresarios: pero temo que, como tantos otros artistas, hayan vendido la primogenitura del ideal, por el plato de lentejas de la realidad.

JACINTO BENAVENTE

 

Toribio caricature in Nuevo Mundo, 17.10.1912

El nunca bien ponderado pelicurero “Toribio”, que actua con gran exito en el Teatro de Price

 

(Nuevo mundo, 17.10.1912)

 

 

 

 

* Detrás del seudónimo Toribio disimular el actor "André Deed".