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CRONICAS DE CINEMATOGRAFO

 

El Idolo de las muchachas cursis

 

 

   Entre los recursos empleados por los empresarios de cines para atraer público, y por los directores le periódicos dedicados al arte cinematográfico para dar bombo a los principales artistas, cuyos panegíricos constituyen la más importante fuente de recursos de los mencionados periódicos, existe el de abrir concursos entre los actores de cinematógrafo, siendo jurado el "culto e inteligente público". En estos concursos viene siempre a la cabeza de todos los actores corifeos, y aun a veces al frente de los actores en general, el famoso Max Linder. Y por esta razón, ya que hoy la falta de estrenos de algún interés en los cines de esta capital me obliga a ocuparme en mis crónicas, ya no de las películas, sino de todos los artistas que en ellas trabajan, empezaré por él, que más sufragios del grueso público reúne, él, que sin duda, al menos fuera de Francia, ha alcanzado mayor celebridad.

   Desde luego, la admiración sin límites que algunos profesan a Max Linder está muy lejos de ser justificada. Ante todo, Max no es artista. Quizá habrá quien crea que no hace falta ser artista para trabajar en vistas cómicas, puesto que aun el ridículo nombre de "vistas de arte" está reservado para algunas películas de largo metraje, en las que generalmente se desarrollan asuntos dramáticos.

   Sin embargo, todo es arte: el cocinero que no sea un buen artista culinario, será un mal cocinero. Del mismo modo existe el arte de hacer reír. Y si no, compárese la mímica de Prince (más conocido con el apodo de Salustiano) con la de Max, y se verá si un actor cómico, aún en el cinematógrafo, puede y debe, o no, ser artista. Este no quiere decir que Max Linder no sea sumamente divertido. El mal cocinero no me dará de comer bien, pero podrá fácilmente satisfacer mi hambre. Del mismo modo, un actor cómico puede hacer reír aun sin ser artista. Sólo que esa risa es más burda, menos espiritual.

   Aún se puede conceder que en la interpretación que hace Max Linder de sus papeles existen detalles graciosísimos. Sin embargo, dichos detalles no residen casi nunca en la interpretación misma, sino que provienen del libreto.

   Verdad es que se asegura que Max Linder escribe él mismo los libretos de las vistas que ha de representar. Pero no es difícil, cuando se dispone de medio millón de francos al año, que es lo que gana Max, encontrar quien conciba ingeniosos argumentos y disimule discretamente su firma.

   Lo que sí tiene Max Linder, es que, sin ser artista, es un magnífico actor de cinematógrafo.

   En primer lugar, tiene muy buena figura; y al decir esto no me refiero a las facciones de su rostro ni a las proporciones de su cuerpo, sino a cierta harmonía de sus movimientos y gestos, que da un excelente resultado en la pantalla. Con él puede estar seguro el director de escena que ninguna película se echará a perder.

   Además, es un sportman de primera. No hay deporte ni medio de locomoción que se invente, al que él in mediatamente no se arriesgue. Desde sus principios en el cine aprendió naturalmente o conducir un automóvil, que lanza a velocidades vertiginosas. Lo hemos visto en globo y en aeroplano, patinando, corriendo en la nieve con los "skis" en los pies o sentado en el "luge". No hay cosa a que no se atreva, y lo notable es que hasta ahora no se haya roto las costíllas o la cabeza.

   Tampoco los "tangos" y "trés-moutarde" tienen secretos para él, que los va estudiando a medida de que se conciben.

   Todo esto le permite representar papeles muy variados, muy movidos, con los cuales fácilmente se provoca una entusiasta risa.

   Hay otro motivo de admiración con el cual tampoco estoy conforme. Me refiero a su pretendida elegancia. Debo decir que en París nadie cree en la distinción de Max Linder. Es "chic" de exportación. Su elegancia, cuando mucho, estará en los vestidos; por lo demás, en los gestos y en toda su manera de ser, revela una educación poco refinada.

   De modo que a Max Linder debe considerársele como un payaso, excelente payaso, eso sí, pero nada más.

Jean HUMBLOT.

(27.6.1916 El Nacional, Mexico)