English

 

Curiosas revelaciones de cómo Max

Línder fué raptado y devuelto a sus

admiradores... mediante finanzas...

   Con motivo de la muerte en Berlín de un tal monsieur Towbin, ciudadano polaco, se recuerda en Varsovia un suceso del que fué director, y del que Max Linder fué el héroe involuntario. Esto sucedía poco antes de la guerra.

   Max Linder, cuya fama era universal, realizaba una tournée en Europa por cuenta de una gran Casa cinematográfica francesa. De vuelta de San Petersburgo, debía detenerse en Varsovia, en donde iba a aparecer en el Teatro de la Filarmonía. Todas las entradas del teatro habían sido vendidas con gran anticipación, y el representante de la Casa francesa se prometía una recaudación importante.

   Entonces es cuando aparece monsieur Moise Towbin; toma un billete de ferrocarril y va hasta Brzese, en donde se encuentra con el tren que conducía a Max Linder; se instala en un vagón y se presenta como el representante polaco de la Casa cinematográfica por la que viajaba Max Linder. Llegados a Varsovia, bajaron en la estación de mercancías. Towbin pronuncia algunas palabras de excusas sobre el modesto estado de los edificios, diciendo: «Los rusos no quieren construir una estación más decente.» Un coche los conduce al Hotel Polonis, en donde está reservada una habitación a nombre de monsieur Towbin.

   Sin embargo, en la estación central su había organizado una recepción solemne. Las damas que habían llevado ramos de rosas para su comediante favorito se fueron decepcionadas, y M. Herz, el verdadero representante de la Casa cinematográfica, se tiraba de los pelos, pensando en todo el dinero que tendría que reembolsar a los admiradores de Linder, pues la representación ténía lugar aquella misma noche.

   De pronto recibe una llamada al teléfono: “Allo, cher ami. ¿Busca usted a Max Linder? Yo sé donde está; pero antes de decírselo quisiera hablar con usted.”

   Y fué al precio de la mitad de la recaudación de la representación por lo que Towbin consintió en revelar a M. Herz el sitio donde estaba escondido Max Linder.

   Ya se puede imaginar la alegría de monsieur Herz cuando encontró al actor ilustre, a quien creía perdido. Con Towbin desaparece el último héroe de esta graciosa historia.

   Ya se sabe el triste fin de Max Linder. En cuanto a M. Herz, que fué después uno de los mejores directores de teatro polaco, murió hace cuatro años...

   Pero, seguramente, que no olvidaría en mucho tiempo el ardid de que se valió monsieur Towbin para estropearle un negocio tan bien organizado... LEO MERELO (Nuevo mundo, 10.6.1932)