English

 

 

 

Perfiles de artistas

 

Max Linder

 

   La cinematografia francesa puede sumar a sus muchos timbres de legítimo orgullo el nombre de este estupendo actor comico, al que debemos los aficionados al cine tantos ratos de risa.

   Max Linder es, sencillamente, un coloso de la comicidad; pero de una comicidad que afluye serena del ademán y del gesto, deleitándonos sin astracanadas ni reforcimientos, con una gracia espontánea y franca que tiene la característica de una alta distinción elegantísima.

   Porque Max Linder, creador de un género único e insuperable en su estilo, es ante todo y por encima de todo, un elegante. No recordamos actor alguno, entre los que desatan nuestra risa en el lienzo, que vista con la aristocrática desenvoltura de Max, ni que se mueva como él, ni que tenga la flexibilidad de expresión que él tiene.

   Si hacer sentir es facultad extraña y dificil para los artistas, hacer reir no lo es menos, cuéntese en abono de los méritos de este mimo francés, que es más difícil aun hacer reir sin descomponer la línea ni incurrir a procedimientos de bufón.

   Nacido en Saint Loube (Gironde), el año 1883. Sus padres, acomodados propietarios, quisieron darle carrera haciéndole comenzar las de Medicina y Derecho, pero a Max le tiraban más las tablas que los libros y abandonó los estudios para dedicarse de lleno al teatro, que dejó más tarde, ingresando en el campo de varietés, donde se confabularon contra él las envidias de las primeras figuras, haciéndole imposible la vida, a fuerza de bajas maquinaciones para rendirlo y desacreditar el arte nuevo, chispeante y fácil con que Max, a pesar de todo, encantaba y se atraía la predilección de los públicos da conciertos y «music-halls» franceses.

   A esto debe la cinematografia el ingreso en sus filas del genial actor.

   Alejado del teatro, amargado por el calvario de su paso por las varietée y sin grandes recursos económicos, Max pensó que muy bien podrían sus cualidades brillar en el nuevo arte y ganar ál de paso los francos que necesitaba para alcanzar la gloria más cómodamente, sin el agobio de las penosas estrecheses económicas.

   La primera película que impresionó llevaba por título «La fuga del colegial». La segunda, «El debut de un patinador». Por cada una cobró 40 francos.

   Y estos fueron los comienzos de su carrera en el cinematógrafo, donde sus portentosas facultades habian de triunfar francamente, valiéndole la fama y la fortuna que ha universalizado su nombre, aureándole de popularidad.

   Como francés y buen patriota se alistó en el ejército apenas estalló la guerra, y en defensa de su patria, sin que las calamidades ni el peligro hicieran mengua en su jovialidad, se batió en las trincheras, hasta que una bala enemiga, atravesándole el peco, lo dejó inútil para la campaña.

   Curado de estas heridas, que pusieron en peligro su vida, aceptó con la Essannay poderosa marca norteamericana, un contrato fabuloloso, que hubo de rescindir a poco, filmadas sólo las dos primeras peliculas para regresar a Francia enfermo, a juicio de los médicos, sin esperanzas de que pudiera volver a trabajar frente al objetivo.

   Por fortuna se exageró entonces la gravedad del diagnóstico, y ahora, curado y animoso, después de haber pasado una larga temporada en Suiza para reponerse, volverá a trabajar para el cine, con lo que sus partidarios, que somos legión, estamos de enhorabuena.

   Max Linder es otro de los que más estragos han hecho en los corazones de las jovencitas que se enamoran de los “luceros» del teatro mudo.

   Lo que no saben estas jovencitas es que Max Linder no se llama asi, sino Gabriel Leuvielle, y que aunque todavia está soltero, es casi seguro que no tardará mucho en casarse con una linda millonaria de California, que ha rendido, con el encanto de su juventud y de su belleza, el corazón galanta del gracioso mimo francés. DON FELIX DE ALBANIEGO (La Publicidad, 4.9.1919)