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Barcelona - 20. – 29. Sept. 1912 - "Teatre Novetats"

>>> Madrid - 7. – 9. Okt. 1912 - "Gran Teatro"







L'Esquella de la Torratxa, 6.9.1912:

 

 

  -Confirmant als nostres llegidors la nova de la Pròxima tournée Max-Linder, que s'inaugurarà el dia 20, podem afegir que aquet celebrat artista interpretarà un número sensacional, en companyia d'una simpàtica copletista espanyola, L'Angelina Vilar; que formaran en la Ilista, ademés de la Napierkowska, que deiem l'altre dia, la Jane Lise, la notabilíssima imitadora Galley, l'Estrella de Aragón y les Mari-Marina; y que l'empresa's proposa presentar d'una manera esplèndida aqueix espectacle de varietés y concert, desterrant d'ell tot lo que fassi olor de pornografia o de mal gust.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de Tarragona, 20.9.1912:

English

 

 

Pelicula de Max

 

 

   Dice El Noticiero:

   «Llegó a Barcelona el popular Max Linder y en los dos días que lleva en nuestra ciudad no se da punto de reposo ni sosiega un instante.

   El célebre artista no puede salir a la calle sin promover una manifestación. Frente al hotel Colón en cuanto se estaciona allí un automóvil y se le escapa al chauffeur decir que aguarda a Max, se agolpan tres o cuatrocientos desocupados, ni más ni menos que si se tratara de contemplar un fenómeno nunca visto.

   Anoche se le ocurrió a Max Linder visitar algunos cines donde se proyectaban películas en las que aparece como protagonista. Entró en ellos cuando la oscuridad era más completa para no llamar la atención, pero en cuanto se dio la luz y el público se fijó en él, se armó gran algazara y no tuvo más remedio que escurrirse modestamente.

   Está asombrado el propio artista de su popularidad, y más asombrado todavía del número de cinematógrafos que existe en Barcelona.

   Hoy ha dedicado todo el dia Max Linder a combinar su presentación ante el público el dia de su debuto en Novedades.

   Max Linder quiere presentarse de modo original y ¡naturalmente! ha echado mano de su supremo recurso: la pelicula.

   El espectáculo popular y gratuito del dia en Barcelona, lo ha constituido hoy Max, interpretando en plena cade, con la colaboración de guardias, municipales, urbanos, automóviles y público las más cómicas escenas.

   Por la mañana fué Max Linder a visitar al gobernador civil, solicitando su permiso para impresionar algunas peliculas, nada menos que en la estación de Francia, en la plaza de Cataluña y frente al teatro de Novedades.

   El Sr. Portela amablemente le concedió la autorización solicitada, guardando acerca de ello extremada reserva temeroso de que si se hubiese enterado la gente se hubiera reunido en los lugares peliculables algunos millares de espectadores.

   Pudimos averiguar el objeto y todos sus detalles de la entrevista entre el Sr. Portela y Max Linder y esta tarde hemos presenciado las hazañas del famoso artista ante la máquina cinematográfica.

   A las cuatro en punto de la tarde ha empezado a actuar al aire libre y en las calles y lugares de Barcelona el actor.

   Se trataba de hacer algunas películas que servirán de introducción al debut de Max.

   A la hora anunciada en el programa y cuando el público pasado mañana llene el teatro, aparecerá en escena el avisador diciéndole muy serio al público que el célebre Max Linder no se encuentra en parte alguna, que ha debido escapársele el tren en Paris y que no se cabe si podrá debutar. Añadirá en seguida que luega, no obstante, al público que no se impaciente, pues Max Linder, aunque muy cómico, es muy serio y muy formal, y se está buscándole en todas partes, ofreciendo proyectar una película hasta dar lugar a que llegue.

   Y efectivamente se correrá la tela blanca y se empezará a proyectar una película. Aparecerá en su elegante boudoir parisiense Max Linder, haciéndole la corte a una lindísima mademoiselle. De pronto, cuando más entusiasmado estará el hombre, se verá a su empresario o a su representante desesperado, recordándole que ha pasado la hora de tomar el tren para dirigirse a Barcelona. Gran desesperación de Max Linder, cabriolas, contorsiones y saldrá a la calle, empleando los más extravagantes y rápidos medios de locomoción para alcanzar el tren. Por fortuna, y no sabemos por qué procedimientos, llegará a la frontera y subirá en el expreso, en el que llegará a Barcelona, sudoroso, desesperado, impaciente, y estropeada toda su indumentaria. Le hemos visto llegar ante la máquina cinematográfica a las cuatro de esta tarde. Despeinada, el frac hecho añidos, desabrochado el cuello de la camisa, sin sombrero, ha aparecido en la puerta de salida de la estación como un huracán, dando empujones, manotadas y barriendo cuanto encontraba a su paso...

   Los empleados le han visto pasar como una tromba sin darles el billete, dos guardias de seguridad y un urbano han querido detenerle. Max Linder se ha caído al suelo, se ha levantado de un salto y se les ha escurrido, largándose hacia el paseo de Isabel II.

   La película seguirá mostrando los apuros de Max Linder para recorrer el trayecto y para llegar al teatro a la hora fijada.

   No encontrando coche ni automóvil, atravesará la plaza de Cataluña montado en un borrico, y así llegara a la puerta de Novedades.

   En aquel momento se acabará la proyección cinematográfica y se presentará en el pasillo central de la platea Max Linder.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comœdia, 20.9.1912:

 

 

A L'AMERICAINE.

 

   C'est très américain, et, cependant, cela se passe à Barcelone.

   Donc, dans un important établissement de la cité espagnole, on projette, chaque soir, sur l'écran, des films cinématographiques dont les protagonistes, lors de l'enregistrement, ont été Max Linder et Stacia Napierkowska.

   Lorsque le public a été suffisamment émerveillé par les acrobaties prestigieuses du comédien et par les danses si originales de la délicieuse petite étoile, l'écran disparaît et, sur la scène, devenue libre, très dignes, Max Linder et Napierkowska viennent saluer le public enthousiaste. Puis, tous deux interprètent un sketch-film d'Armand Massart.

   C'est ainsi que Napierkowska a fait, en quelque sorte, ses débuts dans la comédie — si tant est que l'on puisse ainsi dénommer un scénario écrit pour les besoins exclusifs du cinématographe, et dans lequel, pour la circonstance, l'auteur a introduit des répliques indispensables pour remplacer l'habituelle pantomime.

   De Barcelone, les deux artistes iront à Vienne, puis à Berlin, avant de venir, peut-être, quelque jour, à Paris.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Vanguardia, 21.9.1912:

 

 

Música y Teatros

Novedades

 

      En la calle, la multitud apiñada; en el teatro, estrujándose el público. Todo ¿por qué? Sencillamente porque Max Linder, muy popular en Barcelona por habérsele visto en innúmeras peliculas de cinematógrafo, iba á tomar parte en la función. Y eso de verle de carne y hueso, cuando tantas veces se le contempló en los cinematógrafos, sacó de quicio á mucha gente. ¿Qué suerte de labor es la de ese intérprete de escenas para asi congregar á la muchedumbre? El señor Max Linder es el alma de las peliculas de carácter cómico; sus travesuras son grandes, enreda siempre, tropieza á cada momento, rompe vajillas, estropea cuanto le cae al alcance de la mano, sube, baja, da empellones, se los dan á él, etc. Y esto hace desternillar de risa á los niños y á las nodrizas.

    A fin de comprobar si también alcanzaria lo propio en la platea de un teatro, acudió anoche al de Novedades un contigente inmenso del público de los cinematógrafos.

    Cantó una coupletista, cantó otra, salieron unas bailarinas luego, pero la gente aguardaba lo otro, y se mostraba inquieto, impaciente.

    Y vino lo otro, que era por lo que habia ido al teatro aquel gentío. Se proyectó primero una película representando la llegada de Max Linder á Barcelona. Por esta pelicula nos enteramos de que individuos de la policía y de la guardia urbana tomaron parte en aquella simulada escena cómica. También se nos pone de manifiesto que el aludido actor anduvo por nuestras calles despertando las risotadas de los que encontraba al paso.

    Terminada la proyección, come una bala disparada, salta de la platea al proscenio el señor Max Linder, y del salto cae extendido sobre las tablas. Así hizo su presentación. Muchos aplausos recibió por ello.

    Corre á vestirse, mejor dicho, á mudarse de traje, é interviene seguidamente en la interpretación del vaudeville, en un acte, Pedicure par amour, donde lo único artistico es el baile del oso, bailado exquisitamente por Mlle. Napierkowska.

    Fué esta gentilisima bailarino la única nota de arte de la función de anoche. Cuanto se diga en su elogio, es poco. De figura esbelta, de suave elasticidad en los movimientos, sujetos á un ritmo delicadísimo siempre, buen gusto en las actitudes, ligereza al deslizarse sobre las tablas, semeja que vuela, que no se apoya sobre algo material y consistente. En las danzas orientales, su labor es primorosa, inenarrable, por que habria de sugerirse lo que tiene de alada su labor, lo que posee de arte supremo.

    Se recuerda en algunos instantes pinturas egipcias, por el hieratismo de las actitudes, se rememora en ocasiones la gentileza de aquellas figulinas de Tanagra y de Mirina donde los coroplastas griegos pusieron acento de elegancia y distinción, que semejando familiar, tiene mucho de noble y depurado. Y es, además, el buen gusto del albo ropaje que ostenta y la propia calidad de la tela, que tan púdicamente recoge los movimientos en la secillez del plegado.

    Quedémonos con esta impresión, y no la desvanezcamos.

    Felicitémonos de que se trajera á Max Linder, si esto hizo que viniera Mlle. Napierkowska.

 

 

Cotidianas

 

   Antes el cinematógrafo venia á ser el generoso asilo donde hallaba, de nuevo la pitanza el artista al que se había extraviado temporalmente el cocido. El actor sin contrata, el tenor sin voz, el histrión de flaca memoria para retener largos parlamentos y la actriz que tenia un dejo defectuoso en la pronunciación, continuaban trabajando para el público en la película, donde estos defectos no se notan. Y el «cine» venia á ser la puerta de salida para aquellos con quienes se había indispuesto el halago del público soberano.

   Pero ahora entra el cinematógrafo en una nueva fase y pasa á servir menesteres bien distintos: en vez de recoger á los no consagrados en el teatro, los consagra para introducirles en él, en vez de suceder al fracaso en las tablas, precede y ayuda á la victoria.

   Dígalo, si no, ese enfant gaté de Max Linder, que ante el objetivo se ha batido, se ha dejado apabullar, se ha hecho prender, ha conquistado viejas ridiculas, se ha escondido debajo de camas huyendo de algún airado consorte, ha saltado ventanas, ha rodado escaleras, se ha ahogado, ha volcado en automóvil y hasta se ha suicidado ó se ha dejado coger por el tren; todo por un puñado de pesetas. Y ahora es mimado del público; las damas adquieren las mejores localidades y las empresas le pagan espléndidamente.

   El no será un Zacconi, no tendrá la voz de Caruso, á menos que lo demuestre, y, sin embargo, la taquilla os asaltada con anticipación por el público. No habrá dominado el cálculo infinitesimal, ni sabrá nada de microbiología, y se ha hecho un nombre; no habrá estudiado el comercio y se ha hecho rico; no ha arengado á las masas y se las ha hecho suyas, y no es diputado, porgue no quiere.

   ¿Qué sabe entonces Max? ¿Qué ha hecho de útil á sus semejantes? Sabe hacerles reir, y ya es algo en estos tiempos de preocupación.

   De la tela de proyecciones, donde estaba tan bien, ha saltado al escenario, donde no le discuto los éxitos, pero yo seguiré admirándole en la película. Y no afirmaré que el cine haya matado al teatro, pero sí que le ha ayudado á bien morir. E.O.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ciné Journal, 21.9.1912:

 

 

Au Pays des Hidalgos

Barcelone en Fièvre

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    Je crois bien que depuis l'affaire Ferrer, il n'y a plus eu une aussi grosse éemotion que celle qui règne actuellement dans la capitale de la Catalogne, à la suite de la venue de Max Linder, dans les murs de l'antique cité...

    Accueil enthousiaste, ovation, banquet monstre au grand Hôtel Tibidabo, représentation de gala, où Max lui-même joue son propre honneur... Rien n'y manque, absolument rien et si notre sympathique ami n'est pas content, c'est qu'il sera rudement difficile.

    Le programme?... Extraordinaire, épatant, mirobolant: treize numéros, - chiffre fatidique. - Les artistes?... Les Napierkowska, Mari Marini, Esther d'Aragon, Jane Lise, - du Jardin de Paris s.v.p.! - Mlle Celia Galley, Angelina Villard, une diva andaloue, etc.

 

    On jouera?... De tout, et on dansera aussi. "Pédicure par Amour", "Mariage au Téléphone", "La Danse de l'Ours", "Danses Orientales"... Bref c'est fantastiques.

    Heureux Max Linder!...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Imparcial, 22.9.1912:

English

 

 

Max Linder en Barcelona

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    Max Linder, el popular actor é impresionador de películas, se encuentra en Barcelona donde debutó anteanoche en el teatro de Novedades al frente de una compañía de «vaudeville».

   Antes de debutar Max Linder ha impresionado una película en las calles, constituyendo un espectáculo curioso que relata así un diario barcelonés:

   «Para ayer, á las tres de la tarde, se había anunciado que Max Linder impresionaría una película que se exhibirá antes del debut. Esta película, representará el viaje del célebre peliculero, de París á Barcelona. Un viaje lleno de peripecias y extrañas ocurrencias.

   En efecto, á las tres varios automóviles hicieron alto frente á la estación de Francia. En uno de ellos se destacaba la figura menuda, inquieta, alegre, de Max Linder.

   Le acompañaban los empresarios, un cómico de los que han venido con él, él secretario general de Policía, Sr. Martínez Campos; varios operadores y álgunos reporters.

   La gente se dio cuenta en seguida de que iba à actuar Max Linder, y se aglomeró frente á la estación.

   Max se quitó el gabán y quedó vestido con un gaban rasgado por todas partes, deshecha la corbata y roto el sombrero. Hizo la salida de la estación, para lo cual reclamó el concurso de un urbano y un policía que debían detenerle, los cuales se prestaron inmediatamento á ayudarle. Y Max salió desesperado del andén, se enzarzaron con él los citados agentes de la autoridad, y rodaron todos por el suelo.

   Desde allí se trasladó á la rambla de Santa Mónica, donde impresionó otro trozo de película, huyendo á todo correr, desde el quiosco de bebidas al mercado de libros, dé la persecución de la Policía.

   El tercer trozo lo Impresionó Max en la plaza de Cataluña, simulando el robo de un borrico, montado en el cual se dirigió al teatro de Novedades, al que entró haciendo una singular voltereta al ir á subir el bordillo. El que figuraba dueño del borrico fe abalanzó encima de Max, y, formando un grupo, junto con varios policías, entró en el teatro.

   En la plaza de Cataluna y frente á Novedades presenciaron el trabajo de Max Linder más de 1.000 personas.

 

   El celebre películero tropézó con grandes dificultades para hacer la película. Era imposible conteher á la gente. Todos querían verle de cerca, y no le dejaban espacio libre para su trabajo, à pesar de que contaba con el concurso del Cuerpo de Policía.

 

M. Max Linder

A su llegado a Barcelona, Max Linder promovió, con sus payasadas, innumerables incidentes. En la misma estación, los guardias tienen que poner fin a un delicioso conflicto. [Source: "Destino", Mar. 17, 1945]

 

   Para lograr lo que se había propuesto no tuvo más remedio que engañar á sus admiradores, saliendo por donde creía todo el mundo que había de llegar. Era la única manera de abreviar tiempo.»

   Según telegramas de Barcelona, el debut de Max Linder en Novedades dejó bastante que desear.

   Representó Max Linder el vaudeville «Pedicure par amour», y en la interpretación tomaba parte la bailarina Napierkowska.

   A la mitad de la representación Max y la bailarina se encontraban fatigados, y no encontraron procedimiento mejor para no extenuarse que suspender el espectáculo.

   El escándalo fué grande, y al fin se restableció la tranquilidad con la aparición de una cupletista española que cantó durante unos minutos.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poblo Catalá, 23.9.1912:

 

 

CRONICA

DE

TEATRES

Novetats. - Companyia Varietés.

 

Max-Linder

   Max Linder es la més considerable anomenada de les nascudes en el cinematógraf. Si altres artistes han anat a la pelicula per la forsa del renom assolit en el teatre, en Linder vé al teatre per la gloria que en el ram de les pelicoles s'ha fet. Enfront el cas Sarah Bernhardt y el cas Réjane y el cas Mistinguette, y el cas Prince, en Max Linder de la tela blanca ha saltat a les taules. Direu que «ja feia comedia» abans que la casa Pathé descobrís en ell un mimic incomparable? Péro en Max d'abans de les pelicoles, per gracia que fés als públics de París no era l'anomenada gairebé universal que es el Max Linder d'ara. Y es el carácter internacional de la seva gloria lo que desvetllar aquest interés vivissim de veure'l de «carn y ossos», que tant recóndita indignació ha produit en la nostra gent seriosa. Una multitut fa cúa cada matí davant les taquilles del teatre Novetats, y a força de paciencia y d'empentes prova de veure'l pujar o mixar de l'auto», davam de l'hotel o del teatre. Quan se ha vist cosa semblant? Es que Barcelona torna a tenir ánima de poblet? Es que pot escaure aquesta frisansa a l'aire plácid y solemnial de noble matrona que la nostra ciutat hauria de perdre mai? Heusaquí cóm la vinguda den Max Linder per aixó sois ja for a interessant; perque ha desvetllat un petit problema de psicologia colectiva, aixecant una punta del vel que cobreix la nuesa de la ciutat, Així sabem que a Barcelona, com a totes les ciutats d'ánima llatina, apassiona més la mimica que no pas la bella imatge expressada en paraules, en la mateixa proporció que prefereix l'eloquencia a les idees. Dels artistes cinemátics, aquells que tenen una mímica més expressiva per lo movible y característica son els que triomfen. Si la nostra Marguerida Xirgu fos nascuda a París, fora potser ara la primera actriu dramática de totes les pelicoles del món y l'admiració del públic barceloní per ella depassaria en una mida incalculable la que per ella sent. Es un negoci a fer, doncs, el de dur els actors catalans a París y una vegada se'ls hi hagi empeltat la gracia en el moviment, monopoli de Fransa, gracia artificiosa que encanta, ferlos trebailar en pelícoles d'aire dramátic, perque sabrien alternar la violencia de gest dels artistes sicilians una ponderada y serena naturalitat que ens meravellaria a nosaltres mateixos.

   Doncs, reprenent lo que deia, si en Max Linder ha vingut com a primera figura d'art cinemátic, cal proclamar que la seva anomenada es justa. Aquesta habilíssima combinació delegan ia una mica caricaturesca, de graciosa movilitat y de mímica expressiva; aquesta extensa corda seva que va de lo cómic clássic a lo cómic grotesc, ha de fer den Max Linder un artista de nova mena, pera'l qual no hi ha que jo sápiga un adjectiu adaptable del tot. Hi ha moments en quel seu aire es el del cómic normal que estém acostumats a veure, sobri de gestes y el eos sempre en actitut equilibrada; peró de sobte, mou tot el cós a la vegada, les celles y les arrugues de la boca y les narines s'agiten en una serie d'ondulacions que li ressegueixen després els bráços y les cames, y en contraccions viólentes pera acabar a salts y a corregudes. Per aixó es un mímero incomparable pera una Companyia de «Varietés». La que hi ha al Novetats hauria de venir reforçada altres artistes de segón o tercer ordre, en Roc dels de vige... ordes que … plenen ["illegible"] el programa, y es absurde que Mlle. Napierkoswka vagi entremitg de dúes vulgaritats monótones infladament anunciades.

   En Max Linder, es, doncs, abans que un actor un «mimc», un temperament original y d'enginy inagotable, que sab trovar dins de lo exagerat una expressió de gracia incomparable, lo qual es lo mes dificil del món; a punt de caure sempre en lo «clownese» se sosté en la corda de la correcció artística. Y aixó es sempre un mérit. Y per aquest mérit, avui per vui, en Max Linder es unic.

Me. Napierkoswka

   En la tercera part del programa, despres d'exhibirse una vulgar coupletista s'aixeca'] teló sobre l'imatgeria pseudo-arábiga d'una decoració Nampanta. A una banda, un actor amb aire de «pachá», amb coixíns vermells als petis. Entra un criat y darrera del criat dues ballarines que alsen les cames unes o quatre vegades amb introducció a la pantomima, y de seguida apareix en escena la Napierowska. Es lamentable que unes danses clássiques hagin de desenrotilarse en una pantomima y sobre aquella decoració d'una terrible manca de tot gust. Produeix una sensació agudament desagradable veure l'agilíssim cós de ia dansarina entrells plecs de la roba blanca que l'envolta, cóm se mou sobre la barreja de colors in harmónicsdel teló de fons, destruint així en l'imaginació delí públic tot germe d'evocació. Y la dansa té sobre totes les coses aquesta força evocadora, de transformar el dansarí en símbol vivent de la rasa. El que es prou sensible pera esmentar la manca d'armonía entrells moviments del dansari y lo que hi ha al seu entorn, ha d'esforçar l'imaginacíó pera que tota l'atenció quedi concentrada en el cós de la Napierkowska, com no existfs la decoració llampana y desagradable. Quan es vels son fixos en ella, quan se la veu avensar rápidament,— amb una rapidesa que sembla natural, sense esfors com un vol d'aucell — y moure'ls peus y els bráços amb un ritme que a cada moment varfa y a cada moment retorna a sí mateix, talment com una flor que tingués un moviment alternat de desclossió y eclosió; aleshores es quan la forsa evocadora de la densa posa en els ulís la image de la bellesa antiga. Les danses de la Napierkowska son una savia reconstitució; son el fruit de recerques minucioses y com una exposició, metódica y in pirada ensems, de cada una de les activ ... estes que ...es ["illegible"] devien formar les danses clássiques. Els restes de l'art, les runes dels temples com les despulles dels objectés familiars, els vasos y les ámfores, els joiells y les gerres, els mosáics y les petites estatúes no son pas cosa morta, sino que serven la llevor petrificada, que le desitg de bellesa nova dels homes fa moure y viure altra vegada. Quan fou retrovat el sepulcre d'Agamenon sota l'Agora de Micenes, semblava que es desvetllava tota la vida de l'lliada, y que. Troya la mítica de vingués histórica. Peró quan comensaren a trovar se en les tombes beocies les petites figures que représéntavén homes y dones, infants y veils, animals y joguines, era la vida de ía Grecia reial la que semblava exir de la terra excavada, y amb ella una halenada de la gracia ántigá, les llevons de l'art. La dansa allí ont no ha estat conservada per una cadena de tradició continua, ha de reconstituirse amb tots aquests elements de les arts menors, de la cerámica y de l'orfebrería, com pels ritmes musicals que s'en coneguia. Peró quan se depassa 'l domini de l'erudició para intentar I'imitació de les velles danses així reconstituides ha d'impulsar a l'artista un aire de inspiració, ha d'haver hi en ell un sentit normal de la bellesa, tenir l'instint de l'armonia ensems quell coneixement de les lléis éstétiques. Sols així, una reconstitució de dansa clássica té valor. Y la Napierkowska, es admirable perque uneix totes les coses. Es un art, el seu, que s'ha depurat per la cultura y ha crescut per l'instint que té de aquelles relacions armóniques que en Plató volia veure en els membres del cós entrégat a la dansa. Les línies fines del seu cós, la flexibilitat meravellosa dels seus bráços, de les seves cames, dels seus peus, dé les séves mans; la variable expressió del seu rostre pálid de narils vibrátils y grans ulls negres que lluen com si fos cadahú'l centre d'una vida intensa; la forsa expressiva de les seves mans que's recullen y s'allarguen y es retorsen; la silueta variable a cada moment del seu cós cobert d'una roba que'l cenyeix de dalt a baix, com una túnica sacerdotal tota blanca perque es símbol de puresa; el ritme que sembla ordenar els moviments diversos de cada part del cós, com el que ordena l'ondulació de les onades, tot en ella s'ajunta pera ferne una artista incomparable. Á vegades no pot desfer se de l'artificiositat parisenca, que la fa sostenir se en una «pose» forçada, sobre la punta d'un peu, a l'aire l'altra, cama y allargats els bráços, o recargolar se com una serp en moments que l'actitut y el geste hauria de ser més ample. Peró son moments d'artifici equivocat que desapareixen en la sensació total produida pel seu art de dansarina que retrova en el seu cós una vibració d'aquella gracia antiga, cada día somniada y cadá diá imaginada amb més desitg.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De tots colors, 27.9.1912:

English

 

 

TEATRES

NOVETATS

 

   El dia 20, devant d'una gentada immensa varen fer son debut els artistes Mlle. Stasia Napierkowska y Mr. Max Linder.

   Primerament, ans de donar a coneixer els dos mentats artistes, feren les delicies del públic de general una corrua de tonadilleres y coupletistes de mal gust y ridícol vestir.

   Moments après caiguè la tela cinematogràfica y aparesqué al prosceni l'actor catalá senyor Casaseca, anunciant qu' en Max s'havia ausentet de Barcelona y que no podia trevallar aquella nit.

   Alguns agricols, que aixis anomenava el fill d'un conegut marqués als del galliner, s'ho cregueren y armaren una bronca.

   El Sr. Casaseca prengué el telèfon y demanà comunicació amb París, casa Max Linder, pregant an aquest que vingués a donar l'espectacle anunciat.

   Seguidament feren la pelicola de molt mal gust per cert, de la sortida de Paris, viatge y arribada a Barcelona y al esser enfront de Novetats, els llums s'encengueren y en Max atravesà la platea corrent y saludant, guayanse els aplaudiments del públic.

   S'aixecà la tela y comensaren el vaudeville, Pedicure pour amour, original d'en Max y Mr. Massard, essent forsa ben interpretat per Mlle. Napierkowska qui feu una veritable creació de son paper, fentse molt simpàtica y agradable al públic de butaques y llunetes per ses expressions amb els preciosos ulls y els gests del seu espiritual cos.

   Mrs, Vandenne y Delson estigueren acertadissims y en Max no'ns convencé del tot car el seu trevall es sols de còmic d'un circ o sia lo que ja hem presenciat en les pelícoles La Dansa del Ors, executadaper Mlle. Napierkowska y en Max fou admirable.

   Aquest últim sabia seguiria molt bé.

   La simpàtica chanteuse, Jane Lise, cantà algunes cansonetes franceses, veritablement boniques y armonioses que agradaren forsa als espectadors.

   Continuà Mll. Napierkowska amb les seves Danses Orientales les daurà més que admirablement, guanyantse altra volta els més sorollosos aplaudiments dels de les butaques y llunetes solament no agradant als agricols; car no sabien lo que era ni lo que volia esser aquell art.

   Mille. Celia Galley, estrella parisien cantà alguns couplets del gust del gros públic. Després amb una gracia molt especial feu la imitació de una francesa que canta les danses apatxes, quin nom sentim no recordar, y aquí els agricols ja comensaren a bramar.

   S'esforsà en calmarlos y en un moment de quietut anà a cambiarse de trajo per fer l'imítació de la Shara Bernad en l'obra d'en Rostand «l'Aiglon» y com sia que el públic neo no va comprendrer son travall va bramar fins que la artista es retirà enfadada.

   Es una llàstima que per culpa d'uns quants tipos ridicols les persones instruídes y ben educades no puguin veurer lo que es de son gust.

   Pasada la murga feren la pelícola Mariage par telephone siguentne interprets Mlle. Napierkowska y en Max.

   Seguidament feren l'Sketch essent molt ben interpretada per la tiple Angelina Villar y els Srs. Max, Vandenne, Delson y l'actor català Sr. Casaseca.

   En aquest pas de pelícola en Max estigue colossal; naturalment feya el paper cómic que es la seva especialitat.

   En resum, en Max no es més qu'un excentric que ha adquirit importancia per son bon treball dintre el seu art, y que l'han popularisat les cintes cinematogràfiques.

   Mille. Napierkowska un gran geni qui ha sabut crearse unes danses tan colosals, extranyes y esplèndides, com la seva hermosura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CAS MAX LINDER

   Es difícil de jutjar a satisfacció de tothom, perqué's presenta en circumstancies anormals i amb carácters contradictoris.

   En Max Linder, l'héroe de la película bufa, de la farsa extremadament grotesca, que compta a Barcelona amb innombrables admiradors, ve i se'ns presenta com a actor de teatre, pero sense voler deixar la seva personalitat peliculera, única que ha fet popular el seu nom.

   Pero ens diuen, preveient un fracas segur i una forta desilusió, que en Max no té la pretensió d'oferir el seu treball en les taules com un artista qual art estimable travessa les fronteres, sino solament com un gracias, com un actor cómic extremadament cómic, que'ns diu en l'escena lo mateix que interpreta en el film. Pero com que es difícil trobar una obra teatral tant descabellada com qualsevol de les películes que han fet célebre el graciós consabut, a menys de crear un genre especial, la presentado d'en Max Linder ha constituit un pot-pourri de bufonades i escenes de vaudeville, en les quals, si s'ha pogut apendre quelcom, es lo de que ja no es possible arribar a una degradació mes grossa en materia artística.

   Aixís ho comprengué tothom, malgrat els plens a vessar amb que s'ha vist afavorit el teatre de Novetats, i no estem ben segurs de que en Max Linder s'hagués endut un agradable record de Barcelona, si no hagués tingut la fortuna de portar amb ell l'exquisida danzarina Napierkowska, que ella sola omple un programa i's fa mereixedora de l'admiració mes coral i entusiasta.

   La personalitat artística d'en Max Linder queda definida, dones, per plebiscit unánim, com un actor mediocre i quasi insignificant en el teatre, un acceptable galán cómic en películes i un bon xic graciós com a número de music-hall o variétés.

   Si alguna originalitat té en Max Linder es la d'haver fet evolucionar la farsa grotesca del circ fins a trasplantar-la a la vida amb escenes impossibles. Ha substituit el tupé i les amples calces del pallasso amb la xistera i l'elegancia negligée d'un habillament a la moda.

   Res mes: tot aixó no justificaría l'expectació produida entre'l nostre públic davant de les funcions en que ha pres part en Max Linder, si l'infantí instint de curiositat del bon poble no fos l'éxit precursor de tota cosa nova o desitjada que se'ns ofereixi pera esser observada d'aprop.

   Talment com el neguit d'una criatura fins a haver romput l'enginyosa joguina que li ha servit pera'ls seus espláis.

   La mateixa curiositat que hi ha en conéixer un polític famós, un heroic capdill o un martre amb flor de santedat.

   En Max ha estat admirat en la película i se l'ha volgut conéixer d'a la vora, quan s'ha tingut ocasió de fer-ho.

   I certament, cal confessar que fins en aquest aspecte en Max Linder ha produit una desilusió, ja que tothom ha convingut que la película vista en la tela era millor que la mateixa película desenrollada al carrer, com la fotografía ens enganya, dintre de la seva mateixa fidelitat, en les proporcions i bellesa deis edificis i de les grans avingudes.

   Ara, fóra d'aquesta imparcial apreciació, fruit, per altra part, de lo que hem sentit a dir a tothom, amb rara unanimitat, i lluny de nosaltres el partí pris de molestar l'artista sui generis, ens havem d'ocupar tot lo severament possible de lo que creiem un atentat al bon gust i a la cultura d'una gran població com Barcelona.

   No'ns sembla recomanable que pera cridar l'atenció pública i causar l'admiració dels badocs de mena i dels desenfeinats un comediant travessi desesperadament la via pública, atropellant-hi tot, fent-se perseguir per la comparsería, i que les nostres autoritats locáis traspassin els límits de l'amabilitat fins a concedir que'ls guardadors de l'orde públic prenguin part com a actors en la ridicula comedia representada en els carrers.

   Se'ns dirá que la popularitat d'en Max Linder, assolida en el cine, ja que no en les taules del teatre, malgrat el bluf dels cartells de propaganda, justifica aqueixa preparado bufa com adeqüada a la personalitat de l'excéntric i al genre que conreua.

   Que siguin extrangers els que aitals escenes executen no vol pas dir que al seu país els ho consentin ni que nosaltres deguem admetre-les perqué fa europeu.

   Que un dels nostres cómics s'atreveixi a intentar solament la mes petita part de lo que en Max Linder ha fet en els nostres carrers, i ja'n sentiríem a dir de coses, de que si Barcelona es un poblet ont hi impera el xaronisme de quaranta anys enrera.

   I amb aquesta candidesa que'ns ho fa admetre tot, mentres porti etiqueta extrangera, ens exposem continuament a que abusin de nosaltres i ens prenguin com a motiu de broma o d'explotació.

   Aquí va venir anys enrera en Coquelin fent un Cyrano impossible. No servo record de lo que allavors digué la crítica, pero sí de lo que iradament exclamava l'enganyat públic.

   En Le Bargy ens visitá, incloent la nostra ciutat en una tournée par Espagne et le Maroc, i en Max Linder no sé com ens tractará, de París estant.

   Es clar que'l teatre de Novetats s'ha omplert, — l'expectació ho justifica — malgrat els preus, pero ens aconsola pensar que quan un Novelli, una Duse, una Réjane o un Zacconi ens visitin sabrem omplir les sales d'espectacles, encara que aqueixos artistes no's dediquin, per ara, a fer pallassades pel carrer ni a sonar els cascabells d'histrió pel mitg de les Rambles. AROMA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Liberal, 30.9.1912:

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MAX LINDER, ACTOR

 

 

   La huelga de los ferroviarios ha sido sensible para Max Linder, pues ha dejado de ser la obsesión de Barcelona. El marte pasado llevábamos quince días no hablando más que del notable artista peliculario, ponderando sus chaquets, su elegancia, sus muecas, sus contorsiones y sus lacios cabellos. Los hombres estaban tontos y las mujeres locas de aiara Dichoso Max Linder! No se le ha discutido, se le ha adorado, se le ha envidiado y se le ha deseado. Jamás se vió preocupación tan banal, injustificada y torpe, y jamás la necedad humana se ha manifestado tan esplendorosa como en esta ocasión.

   Max Linder se tuvo que privar de ir por las calles. Una multitud de admiradoras y admiradoras le cerraba el paso, le estrujaba y ponía en peligro la integridad de su persona. Se oían voces de: «¡Ahí va Max Linder!», y á este grito los transeuntes echaban á correr alocados, hacia donde se les indicaba que podían ver al grande hombre. Este, fastidiado, tomaba un coche y huía á toda velocidad, temeroso de que las mujeres, en un momento de furor afrodisiaco, le hicieran trizas. Una noche, á la salida de Novedades, un grupo de entusiasta pretendió desenganchar los caballos del carruaje de Max Linder, y ponerse los hombres en el lugar de los caballos. Algunas señoras casadas excitaban á sus maridos para que se engancharan. Parejas de policía montada impidieron tales ofensas al buen sentido, con disgusto del elemento femenino y de cuantos se les escapó la ocasión de competir con los brutos.

   La noche del debut de Max Linder formará época en los anales de Barcelona. Localidad hacía días que no había ninguna en la taquilla. Se habían vendido todas á precios exagerados. Las entradas que se despacharon; más de quinientas de las que corresponden, por lo cual el gobernador impuso una crecida multa á la empresa, se vendían á cinco pesetas á la puerta del teatro. Quedaron unas dos mil perdonas sin poder entrar, y tan grande fué su contrariedad, que trataron de forzar el paso, derribando á los porteros. Se tuvieron que cerrar las puertas, y la policia dio varias cargas.

   La sala de espectáculos presentaba un aspecto brillantísimo. En ella se había congregado lo mejor de Barcelona; las señoras y caballeros que en la misma sala no pudimos ver, el pasado Junio, en ninguna de las veinte representaciones de Lydia Borelli, la inmensa actriz italiana. Estragado el gusto con los garrotines de la gitana Dora y las canciones obscenas de la Raquel Meler, no es mucho que prefieran Max Linder á la Borelli, y una astracanada cinematográfica á una tragedia de Oscar Wilde.

   Para tormento del público, la empresa había dispuesto que, antes de apareces Max Linder en escena, cantaran, por turno, unas cupletistas, que eran recibidas con muestras de desagrado. ¡Para cupletistas estaba allí la gente! En el programa de la función figuraba la bailarina más estupenda del mundo, la sin par Napierkowska, la de las danzas orientales, y maldito si nadie se acordaba de ella. Solo se quería ver á Max Linder; verle, oirle y morir después. Fué una hora de impaciencia y hasta de angustia, aquella operante la cual desfilaron por el escenario de Novedades media docena de cupletistas, despiadadamente silbadas por el pueblo soberano.

   Al fin, va á aparecer el ídolo, la obsesión, el hombre del día. Las señoras se agitan en sus asientos como si fueran de espinas, palideciendo por momentos. Los hombres empiezan á estar en ridículo. Afortunadamente, no se dan cuenta.

   De la parte superior del escenario desciende un lienzo blanco. Aparece un señor y dice que Max Linder no ha llegado aún. Como estamos en el secreto, nadie se desmaya. Se apagan las luces y empieza el cine. Se proyecta una película figurando que Max Linder. en Paris, recibe la orden de partir para. Barcelona. Max se viste atropelladamente, sale á la calle, y por llegar á tiempo, en la estación comete varias locuras. Llega el tren á Barcelona; se apea el gran Max, riñe con unos guardias, no encuentra carruaje, se apodera de un borrico, monta en él, la gente le persigue, y después de infinitas peripecías llega al teatro de Novedades con la ropa destrozada, fatigado, agitado, sudoroso, exánime.

   En esta forma, Max atraviesa, corriendo, la platea del teatro; de un brinco gana el escenario y se deja caer desvanecido, sin fuerzas. Desencanto en las mujeres. Max Linder no es el de las películas. Es un hombre pequeño, flaco, desmedrado, muy moreno, feo. Sin embargo, es simpático, tiene ángel. Esto consuela un poco al bello sexo.

   Max se adelanta hasta las baterías y pide perdones por haber llegado tarde. Añade que va á vestirse para representar la comedia «Pedicuro por amor».

   Una sinfonía por la orquesta, y vuelve á aparecer Max Linder. Se ha hablado mucho de la elegancia de esto afamado peliculero, y no hay tal. Max Linder lleva muy buena ropa, irreprochablemente cortada; pero no es elegante. Mejor dicho, no es distinguido. Su elegancia es de «rastaquonére[sic.]», de «cabotin», charra, con excesivo abuso de los colores. Sus modales dejan bastante que desear, y más que de un caballero acostumbrado á frecuentar salones, son de hombre avezado al medio democrático de «cabarets» y «foyers» de «music-halls».

   Max Linder hace mal en presentarse al público. La realidad hace traición á la peícula, y su fama peligra como siga exhibiéndose. Si no lo hubiese hecho, ignoraríamos sus defectos, y no sabríamos que, si como artista peliculario es tal vez el primero, como actor, de lo más pobre y chabacano que conocemos. Basta la representación de la astracanada «Pedicuro por amor», para convencerse uno de que Max Linder no debe salirse de la película, que es su fuerte.

   Yo recomiendo á las personas entusiastas de Max Linder, que si no quieren sufrir una decepción, un horrible engaño, no vayan á verle.

   Además, que ni él, ni las tonterías que representa valen la pena.

   De ir, vayan por ver á la Napierkowska, que todo cuanto se diga de su mérito de bailarina es poco. Adolfo Marsillach

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Noroeste, 2.10.1912:

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NOTA DEL DIA

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Max Linder

 

   Max Linder, el mejor y más popular de todos cuantos actores se dedican á trabajar para la impresión de películas, está hace días en Barcelona, actuando en el Teatro de Novedades.

   El rostro, la traza toda, los gestos de Max Linder son, probablemente, los más conocidos en el mundo entero. Cuando aparece en una película, de entre el público del cine se alza, para saludarle, un rumor de regocijo. «Ahí está Max Linder»... El público adora á Max Linder. Siempre han sido más queridos y más alabados los hombres que han sabido hacer reír: para ellos hay una profunda gratitud colectiva, porque acaso en un trance de nuestra vida han alejado una preocupación ó ahuyentado la amargura de un momento. Aquel que nos hace el don de la alegría, del sano contento, de la buena risa infantil, es el mejor bienhechor nuestro.

   Y, así, el pueblo de Barcelona acosaba al actor con su admiración. Cuenta un periódico que las gentes le rodeaban en la calle, le cerraban el paso, le estrujaban; hasta que el hombre popular tomaba un coche y huía á todo correr.

   El debut fué un acontecimiento. Dias antes se habían agotado las localidades; se vendían las entradas á precios fantásticos. El público esperó impaciente que unas cupletistas y unas bailarinas terminasen sus piruetas. Llegó el momento de emoción. Max Linder, el elegante, el distinguido, el actor de una gracia enorme, apareció al fin en carne y hueso ante el gentío que llenaba el local.

   Y Max Linder no es el hombre de las películas. Max Linder es un hombrecillo flaco, pequeño, feo, exageradamente moreno, que viste ropas bien cortadas, pero sin elegancia para llevarlas, con una predilección chocarrera por los colorines. Max Linder representa, además, una astracanada que se titula «Pedicuro por amor» que tiene un escaso ingenio.

   El encanto de la película, el favor de las semisombras, la discreta revelación del cine, dejaron de amparar al celebrado mimo: la aureola de su popularidad se tambaleó sobre su cabeza.

   Que así va de lo vivo á lo pintado. Max Linder, lejano, en la visión de ensueño de la proyección, podía hasta arrebatar corazones; de cerca ha causado muchas desilusiones. Los ídolos no deben aproximarse mucho á sus devotos: se advierte la mentira y la frialdad del barro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Escena catalana, 5.10.1912:

 

 

El cas Max Linder

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   Empesos per la corrent general de simpatía vers el rei de la pelícola, ens encaminárem al Novetats desproveits de tota mena de prejudici y més aviat oblidant lo que la prémer digué d'ell el dia del debut a Barcelona. Asseguts en una butaca propera a la escena, várem deixar passar sense protesta una seria de varietats, de lo més carrincló la majoría, y per fi comensá el seu treball el renomenat artista. Y de la impressió de fonda decepció que va causarnos es de lo que volem escriuren quatre mots perque estem segurs que, qui més qui menys, tots els qui sortiem del teatre ens trobávem en igual cas per un o altre concepte quan no per tots alhora.

   La falta principal de Max Linder en aquesta tournée es l'haver triat per la seva presentació un parell de escenes sense cap ni peus y en les que la gracia fina y distingida, el refinament de maneres, la vis-cómica a flor de pell que en moltes pelícoles vos mantenía sempre'l somriure en els llavis, s'es trasmudada en una, diguemne gracia barroera, enmotllada de trucs de pallasso y de grolleries.

   Jo no puc suposar que l'artista que sab triomfar tan rebé mantenintse en una linea discretissima y guanyant lícitament fins en el cinematógraf hont sense'l recurs de la paraula s'ha de fer més difícil, el nom de cómic per excelencia en el bon sentit de la paraula, vagi degenerant y evolucionant vers un altre genre hont s'ha de veure barrejat ab en Tontolini, en Salustrano y tants altres tipos de cine, de un cómic sols atraient per minyones y criatures.

   Jo crec doncs que més aviat lo qu'ha succeit es que en la pobra idea que de nosaltres tenen de l'altra banda del Pirineu, hagi cregut en Max que'ns era precis art groller, contorsions exagerades, acrobacies, en resum, un menjar carregat n'especies per paladars acostumats a menjar bast, incapassos de fruir les delicadeses de que ha esmaltat altres produccions.

   Y sinó, díguin ab mi els que han assistit a alguna de les passades funcions. ¿No'ls hi hauría resultat més en Max que'ns forjávem, si hagués escenificat la película que progectaven cada vespre, Mariage au Teléphon? ¿No haurien rigut de mes bon gust, veient el joc altament cómic, de les fisonomíes dels protagonistes, les actituts justes, la pose elegant y el discretíssim savoir faire ab que desempenyaren aquella escena, que no les astracanades de Pedicure, que fins per son mateix assumpte y per la insistencia ab que es tractat arriba, un si es no es, a repugnar?

   Aquest crec que ha sigut el principal error den Max Linder en la seva excursió, puig les demés causes que l'han perjudicat al apreciar son treball no depenen d'ell sino de la impressió que pel cine ne teníem y de la naturalesa mateixa deis dos diversos espectacles. En lo primer la figura mes migrada de lo que'ns créyem, ha contribuit no poc a la desilusio soferta y cal afegirhi també la veu, esquerdalenca, aspra.

   En lo segón, cal que anotem dugues coses distintes. Es la primera, a nostre entendre, la major intensitat que pot un actor donar en el gest quan com en el cine, l'ausencia de la paraula li permet concentrar tot el seu esfors en aquell. Y aixís, en el cas den Max Linder, hem trovat a faltar en escena lo que en la pelícola prenía un extraordinari relleu. Y al fer aquesta indicado recordem com un nostre volgut amic, coneixedor de coses de teatre, ens assegurava temps endarrera haver admirat com el de un colossal artista, el treball del qual resultés insuperable, el desempenyo que donava en Le Bargy a un seu personatge en la pelícola La mort del Duc de Guisa, mentres havía assistit a una representado del Marquès de Priola pel mateix actor hont, tot y mostrantse com l'artista que ha fet d'aquella obra la seva millor creado, no arribava a la intensitat d'expressió ab que l'havía seduit en la pelicula.

   Després, y aquesta es, a nostres ulls, la rahó fonamental, cal tenir en compte les diverses condicions de abdós espectacles.

   En el cine, sobre la tela, agrandida la figura, reduit el joc d'escena, fosc el públic, l'atenció's concentra per enter en el treball del artista; ses més petits moviments son sorpresos pel públic, la gent més allunyada de la pantalla pot ferse cárrec de com el personatje mou els ulls, y trasmuda l'expressió del rostre: en el teatre aquesta atenció's ven solicitada per mil coses alhora; y en la llum del escenari y els colors dels objectes y moltes altres causes que, junt ab la paraula, obliguen a partida y no poguer, com la distancia que l'aminoren si us plan per forsa.

   No es estrany dones que un artista de cine al que haguem vist sempre com parlantnos frec a frec per l'agrandiment de les figures, al qui en la quietut y la fosca de la sala havem seguit ab interés sos més petits detalls d'expresió y gestes - veritables troballes molts d'ells - al qui sempre havem víst en el mateix tó de color sobre la superficie de la tela, ens hagi decepcionat al veure moure sa figureta migrada, en la amplaria de la escena difuminantse en ella sense poguer enganyar la llunyania.

   Y ara, per cloure aquestes notes escrites a corra cuita, vagi el nostre vot y el desitg sincer de que poguem algún jorn reveure en Max Linder, no el de aquesta desgraciada tournèe, sino el que ab tantes pelícoles d'un cómic irresistible sapigué fer despertar un riure foll ab la naturalitat, distinció y gracia lleugera ab que subrallava ses creacions.

   Y aleshores, será esplicable que ab ell ens torni a portar la Napierkowska. Josep M. Ballester.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teatre catala, 5.10.1912:

 

 

   Novetats. — Max Linder i els que l'acompanyaven en la seva desgraciada visita a la nostra ciutat se despediren el diumenge passat amb escas públic i poc entusiasme.

   Les funcions Max Linder, comenzades amb tanta febre, han acabat en mitg de l'indiferencia de la gent. Això pot esser una bona lliçó pera'ls empresaris d'aquesta mena d'espectacles.

   Max Linder, al despedir-se dels espectadors, pronuncià un discurset, en el qual va demanar perdó de que'l seu treball no hagués agradat; va dir que ell havia vingut a Barcelona sense pretensions, que no s'havia previngut per presentar-se com a actor, culpant a l'empresa de que l'hagués anunciat com a tal, i que l'any que ve tornarà amb una companyia de comedia i aleshores tindrem el gust de coneixe-l.

   El públic, badoc i bon noi, va commoure-s i va maleir la prempsa, que tant malament ha tractat el seu hèroe. Però les dònes no ploraven, perquè tampoc s'ha arribat a tants «estragos» com diuen.